La intervención se concentró en dos espacios que, pese a su escala, terminan definiendo la experiencia de toda la vivienda: el hall de acceso y la sala de estar. El desafío consistió en transformar ambos ambientes en protagonistas, entregándoles una identidad propia sin perder la continuidad con el resto de la casa.
La sala de estar adopta un lenguaje de inspiración nórdica, donde la combinación de texturas naturales, mobiliario de líneas simples y una distribución cuidadosamente estudiada crean un ambiente sereno y acogedor, pensado para invitar al descanso y la conversación.
En el hall de acceso, el diseño recurre a la superposición de materiales, espejos e iluminación para potenciar la amplitud visual y convertir un espacio de circulación en una experiencia. Cada elemento fue incorporado para aportar profundidad, luz y carácter, demostrando que incluso los metros más contenidos pueden convertirse en uno de los mayores atributos de una vivienda.